Causas, síntomas y pruebas de las intolerancias alimentarias
Introducción
Hipócrates solía decir que la comida es el primer verdadero medicamento. Para comer bien y vivir mucho tiempo, nuestros abuelos solían seguir unas pocas reglas sencillas, entre ellas respetar la estacionalidad de los alimentos. Nosotros solemos ignorar nuestro Gran pasado y trastocar nuestro pequeño futuro.
Por eso las intolerancias alimentarias son hoy un problema que está aumentando considerablemente. Nuestra comida está moldeada por la industria, enriquecida con los colorantes y aditivos del consumismo, y nuestras sanas reglas de antaño son recuerdos desvaídos y pasados de moda.
Resumen
- Las intolerancias alimentarias como fenómeno social
- La intolerancia como desequilibrio y señal del cuerpo
- Conductas disociativas y alimentación
- Síntomas de las intolerancias alimentarias
- Pruebas para las intolerancias alimentarias
Las intolerancias alimentarias como fenómeno social
La intolerancia a los alimentos se está convirtiendo en un fenómeno de masas en las zonas fuertemente industrializadas. La comida se ha convertido en parte de un sistema corrupto de mercado globalizado, un subproducto de una sociedad inconsciente y demasiado apresurada como para detenerse a reflexionar sobre ese componente íntimo y cultural tan profundo que es la comida, la cual, al ser ingerida, toca la parte más íntima e inconsciente de nuestra verdadera naturaleza. Por eso las intolerancias alimentarias, más que ser una consecuencia de alteraciones químicas e industriales en los alimentos, son el resultado del cambio ambiental de la comida y del distanciamiento emocional del ser humano respecto de su verdadera naturaleza.
La intolerancia alimentaria parece ser el punto cero de toda patología, el primer desequilibrio del terreno sobre el que se constituye el cuerpo humano a lo largo de los años. Si los cimientos son sólidos, nuestra salud será fuerte. La intolerancia alimentaria es una señal, un indicador de una sociedad desorientada que se ha alejado de los verdaderos cánones de nuestra salud primordial, de nuestro real bienestar psicofísico.
Si para muchos las intolerancias parecen ser un efecto debido a un fenómeno clínico de reacción adversa a un alimento, para mí, (que las he estudiado durante más de veinte años), son solo un indicador de una fuerte criticidad social. Nuestros hábitos alimentarios no son correctos; por ejemplo, vemos el telediario en la mesa: con nuestros sentidos saboreamos un plato delicioso, mientras nuestro cerebro recibe la noticia de una bomba que ha matado a 12 niños. De este modo, nuestro sistema de compensación creará una primera intolerancia a la comida, debida a una adaptación a nuestro continuo desdoblamiento entre racionalización y emociones o sensaciones; se trata de nuestra alternancia entre la idea de comida sana y el deseo de alimentos sabrosos pero nocivos.
La intolerancia como desequilibrio y señal del cuerpo
Dentro de nosotros existe un sistema de compensación gracias al cual hemos superado las fases más importantes de la evolución de la especie, un sistema que permite a nuestro YO no enloquecer ni dividirse en dos. Aun sabiendo que algo nos hace daño, seguimos haciéndolo, generando en nosotros un desdoblamiento que debería llevarnos a la locura pura. Este sistema nos permite sobrevivir y reequilibrarnos llevando una vida normal, pero con un pequeño precio que pagar: una intolerancia más.
Cada una de nuestras intolerancias hacia un alimento es en realidad una cicatriz que ha desgarrado nuestra esfera emocional, una huella en el tiempo dejada por un trauma, estratificada en nosotros por actitudes disociativas que llevamos a cabo a diario, a menudo sin siquiera darnos cuenta. Con la mente pensamos una cosa y con el cuerpo hacemos otra.
Conductas disociativas y alimentación
Típico es el caso de las personas obesas que, aun sabiendo que un plato de patatas fritas es perjudicial, no pueden evitar servirse una ración abundante, así como quienes saben que deberían tomar más fruta y verdura, pero no tienen tiempo y llevan a la oficina el típico sándwich rápido. Los ejemplos de conductas disociadas y alteradas en la mesa rozan el absurdo, como quien sabe que comer poco ayuda a vivir el doble y, sin embargo, debe atiborrar a su hijo con todo tipo de cosas buenas porque así crecerá más fuerte y sano.
Lo mismo ocurre con aquellas poblaciones del sur, en los límites de la llamada “tierra de los fuegos”, que saben por estudios ciertos que el producto de muchas de esas tierras está contaminado por dioxina y otros malditos residuos radiactivos, pero que siguen pensando que la comida de la tierra del amigo debe considerarse genuina. Las conductas disociativas se producen tanto en la mesa como en el supermercado, debido a nuestro enfoque íntimo hacia la comida y a nuestra tendencia al consumismo. A causa de estos comportamientos, nuestro sistema interno de adaptación, cada vez que restablece el equilibrio, crea una cicatriz en forma de una nueva intolerancia alimentaria.
La intolerancia alimentaria es el primer verdadero pecado original, el deseo de hacer algo aun siendo conscientes de que está mal. Tal vez sea un residuo genético derivado de Adán y Eva, pero sin duda no es una patología que pueda combatirse con cualquier fármaco ni con una terapia clásica. Es necesario identificar una serie de biointolerancias alimentarias mediante una prueba específica y resolverlas a través de un programa detallado creado ad hoc por un consultor especializado. Por lo tanto, de una biointolerancia alimentaria se puede sanar. El proceso de curación de las intolerancias alimentarias no es una simple pastilla que se traga con los ojos cerrados, sino un camino de Conocimiento que nos permitirá mirar dentro de nosotros y conocernos mejor.
Síntomas de las intolerancias alimentarias
Los síntomas que pueden manifestarse en presencia de una intolerancia a un tipo de alimento son múltiples y difieren entre sí según el tipo de alergia que se active. Los síntomas de las intolerancias alimentarias que enumeramos a continuación se manifiestan típicamente, pero no son síntomas que aparezcan solo en presencia de intolerancia a los alimentos, y son: ardor de estómago, mala digestión, cólicos y calambres abdominales, diarrea, flatulencia, disentería, hinchazón y ruidos abdominales. Además, otros síntomas que pueden hacer sospechar una intolerancia alimentaria en curso son: meteorismo, dolor de cabeza, náuseas, picor, reflujo ácido, piel seca, retención de líquidos, obesidad y celulitis.
Pruebas para las intolerancias alimentarias
Después de haber seguido una dieta de exclusión para tratar de comprender qué tipos de intolerancia afectan al paciente, se puede pasar al uso de verdaderas pruebas y análisis para la intolerancia alimentaria. Es necesaria una distinción entre tipos de pruebas, y es aquella en la que podemos dividirlas en pruebas convencionales y pruebas no convencionales.
Pruebas convencionales
En la primera categoría de tipos de pruebas se incluyen las pruebas alergológicas: prick test, test RAST, pruebas de IgA y de IgE, patch test y la prueba de provocación.
Pruebas no convencionales
En las pruebas no convencionales, en cambio, se incluyen todos aquellos exámenes no alergológicos que no forman parte del plan de diagnóstico presentado por el S. S. N., como el Vega Test, las pruebas bioenergéticas, las pruebas con aparatos de Voll, etc.
Descubre también el BioMetaTest de Intolerancias Alimentarias, conoce el Thema 01 (antes Thema 400) y visita la página Solicita la prueba.
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